Historia de la relación Iglesia-Estado en América Latina durante el siglo XIX

INTRODUCCIÓN

Las relaciones entre la Iglesia y el Estado en América Latina durante el siglo XIX, no debiesen muy ser distintas a la relación que existió en el resto de occidente debido a la influencia de las ideas de la ilustración y del mundo moderno, que produjeron grandes cambios en la configuración de los estados modernos y especialmente en las nacientes democracias.

La ciencia política reconoce que en la formación de los sistemas políticos de los distintos países existieron cleavages o líneas de conflicto que configuraron la aparición de posiciones respecto a diversos temas y aparición de intereses comunes que conformaron los partidos y los sistemas de partidos, algunos cleavages tuvieron mayor importancia en algunos estados que en otros (Valenzuela, 1995). Estos quiebres o fracturas son cuatros y los podemos clasificar en centro/periferia, iglesia/estado, urbano/rural y proletariado/capitalista (Rokkan, 1968; Lipset & Rokkan, 1967; Bartolini, 1995), de estos cuatros el segundo va a ser el que vamos a desarrollar en el trabajo de América Latina.

Comenzare abordando el ¿por qué? de la existencia de esta tensión, ya que todo conflicto es necesario el establecimiento de posiciones fundamentadas en creencias o interpretaciones del hecho del conflicto determinada por los intereses de cada grupo o sector, por lo mismo, es necesario conocer y mencionar la postura oficial, y la no oficial del Vaticano y del actuar del clero por una parte; por el otro lado es necesario conocer ¿Cuál es la postura que se contrapone a la de la Iglesia? y ¿por qué?.

A continuación de esto veremos como las posturas afectaron en los procesos de los países americanos. Debido a que abordar toda América Latina es una tarea extensa e innecesaria para este trabajo, nos enfocaremos especialmente en los países más importantes como México, Argentina y otros que nos ayudaran como ejes centrales del trabajo.

POSICIONES QUE DETERMINAN LOS CONFLICTOS EN LOS DIVERSOS PAISES DE LA REGIÓN

Cuando la corona española pierde las colonias en el proceso de emancipación americana se produce un efecto de vacio legal y de poder, en parte, que hace que la Iglesia tenga una posición poco clara al respecto y que sus miembros también posean posiciones distintas, es decir, algunos a favor de la independencia y otros en contra de la independencia.

El Papa Pío VII considera a estos movimientos independentistas como grupos alborotadores y sediciosos e insta a los obispos de América Latina a través de la encíclica Etsi Longissimo (1816) de no perdonar y de tratar de destruir estos movimientos (Codina, 1994), pero no todo el clero hizo caso a esta solicitud, esta tuvo mayor eco entre los sacerdotes españoles. Los independentistas sabían esta situación y confiaban en el clero, así lo manifestaba el general venezolano Francisco de Miranda y Rodriguez que confiaba que el clero se iba a manifestar en el momento adecuado ya que eran “hombres ilustrados y liberales”. (Otayza, 2003)

Una señal de esta situación ambigua era la relación que se producía entre los mismos nuevos estados y la santa sede, que si bien esta última no reconocía a los nuevos estados como tales, si poseía una relación con los gobiernos constituidos en estos países, aun más en la practica en todos los documentos oficiales que se enviaban a algunos países, como ejemplo Chile y Colombia, iban dirigidas a los máximos representantes de estas (Directores Supremos, Presidentes de Junta de Gobierno, etc.) y rotulados como “Repúblicas” (Amunategui, 1960), estas no eran enviadas a los virreinatos ni a las capitanías generales.

Aun así el Papa León XII, manteniendo esta ambigüedad, el 24 de septiembre de 1824 publica la encíclica Etsi Iam Diu el cual reconoce la dominación de Fernando VII sobre América y mantiene una posición en contra de la independencia de Hispanoamérica. Este documento cuando llegó a Hispanoamérica se le creía que había sido falsificado por los españoles, ya que no comprendían como verdadera tal posición del Vaticano (Amunategui, 1960; Codina, 1994).

Tal posición es propuesta por algunos autores producto, no de la posición real que tenía el Vaticano, sino por la constante presión que estaba ejerciendo en Europa la Santa Alianza a todo lo que podía significar un apoyo a las democracias y no en apoyo a las monarquías absolutistas (Bethell, 1990). En este sentido algunos eclesiásticos de la región poseían comunicaciones ilegales con el gobierno de Fernando VII y con el Consejo de Indias que informaban de las acciones de los gobiernos hispanoamericanos, así lo manifestaba el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Mariano Egaña, quien desde Londres informó a algunos países de Sudamérica de tal situación (Amunategui, 1960).

El año 1823 por petición del gobierno chileno a través del canónigo Ignacio Cienfuegos y debido al gran descuido que habían quedado las diócesis durante las guerras de independencia que había, entre muchas cosas, provocado escases de sacerdotes en algunos países de la región (ya que muchos sacerdotes eran españoles y tuvieron que volver a España) y la vacancia en los cargos en las diócesis, el Vaticano envió una misión a Sudamérica encabezada por el Cardenal Giovanni Muzi (nombrado Vicario Apostólico en Chile) y acompañado en el cargo de secretario por Giovanni María Mastai (quien sería posteriormente Pio IX).

En 1831 por primera vez se reconoce ya de manera oficial por parte del Vaticano la independencia de los estados Latinoamericanos siendo Gregorio XVI el pontífice que se encuentra en el cargo, quien a través de la encíclica Sollicitudo ecclesiarum reconoce a las nuevas repúblicas y nombró a obispos en las respectivas diócesis.

Terminado este capitulo de las guerras de independencias de América Latina entramos en otra etapa en la relación entre la Iglesia y el estado y que esta ligado a la secularización o laicización de los estados latinoamericanos y los conflictos en torno a los partidos conservadores y liberales.

En este sentido podemos encontrar al igual que en la Iglesia a principios del siglo XIX diversas posiciones respecto a una situación, pero esta vez va a ser el liberalismo que va a presentar esta característica en América Latina, mientras que la Iglesia va a poseer un consenso en torno a este tema. Primero vamos a conocer la posición que posee el liberalismo y posteriormente la posición que posee la Iglesia.

Hay diversos factores que son importantes tener en cuenta para entender la posición del liberalismo respecto a la Iglesia Latinoamericana, la primera era que veía a la Iglesia como parte de los prejuicios del pasado que obstaculizaban al individuo y que esta estrechamente ligado a los ideales del liberalismo. La segunda se debe a una cuestión de poder entre la Iglesia y el Estado, ya que si bien sabemos que la Iglesia estaba debilitada, el estado en comparación era mucho más débil que la Iglesia, ya que esta poseía mayor afección de la población y mayores recursos económicos, por lo mismo los estados buscaban medidas para poder expropiar los bienes que poseía la Iglesia, tanto para hacer uso de ellos y reducir el poder que esta tenía (Bethell, 1990).

La apropiación de bienes de la Iglesia por parte del estado se realizo de diversas maneras, una de ellas simplemente quitando los bienes a la Iglesia como sucedió en México y la otra manera de ocupar los recursos de la Iglesia fue aprovechando la debilidad en algunos países de no contar con obispos o con sacerdotes con una formación necesaria, haciendo que la Iglesia se subordine de manera tácita al estado como sucedió en Argentina en el gobierno de Rosas, integrando personas como sacerdotes que tenían el único objetivo de realizar activismo político en las iglesias en vez de preocuparse de las cuestiones espirituales.

Pero también podemos encontrar liberalismos mucho más moderados, que encontraban que la lucha contra la Iglesia no iba a tener ningún efecto a largo plazo y se preocuparon más desarrollar un laicismo legal, como es el caso de Chile con el gobierno de Domingo Santa María y la formulación de las leyes laicas.

Incluso tenemos posiciones en las cuales los liberales que proponían la separación entre la iglesia y el estado, consideraban que la separación debía realizarse en su casi todos sus aspectos, pero que era necesario en alguna parte lograr una unión con la Iglesia de manera de garantizar la libertad de conciencia (Alvarez, 1908).

Frente a este escenario la Iglesia no se quedo de los brazos cruzados también se propusieron varios elementos interesantes dentro de la Iglesia que están mucho más asociado a los liberalismos moderados. El papa Leon XIII en su encíclica arcanum propones tres principios que deben existir en la relación de la Iglesia con el Estado: distinción, unión y prioridad de la Iglesia. La distinción se refiere a la de reconocer las labores que realiza tanto la Iglesia como el Estado y que no son las mismas funciones dentro de la sociedad, por lo mismo no deben estar juntas ni absorbida por una u otra. La unión debe realizarse no por una cuestión jurídica sino porque finalmente el Estado y la Iglesia se enfocan a los mismos objetivos que son el bien común de manera directa e indirecta, por lo mismo es necesario el trabajo unido de la Iglesia y el Estado. (Hurtado, 1952) La prioridad de la Iglesia esta ligado al tema espiritual que se debe desarrollar, por lo mismo, no lo vamos a abordar porque no es necesario para este trabajo.

Pero también existieron otros tipos de respuestas de los sacerdotes y teólogos latinoamericanos, el cual el Estado debía atender a la religión y no dejarla de lado o separarla del Estado, se llama al involucramiento de los católicos en la política y de ser estos los que cuiden los intereses de la religión y del Papa. Por lo cual los sacerdotes no debían desentenderse de la situación que viven los pueblos. (Alvarez, 1908).

La otra visión que salió respecto a esto se refiere a terminar el conflicto de una vez y definir si existía una reconciliación o una separación definitiva entre la Iglesia y el Estado (Keller, 1868).

También ya a finales del Siglo XIX aparece la encíclica Rerum Novarum, que es el fruto de ya de una visión social cristiana, que provenía desde el pontificado de Pio IX que ya se estaba haciendo parte dentro de Latinoamérica y de otras partes del mundo, junto a la aparición del comunismo y el socialismo.

El año 1899 se hace en Roma el Primer Concilio Plenario Latinoamericano, este saco como conclusión:

  • Que existe una ignorancia religiosa del pueblo
  •  Se decide intensificar la enseñanza del catecismo
  •  Creación de escuelas confesionales
  •  Mejorar la formación de los seminarios
  • Fomentar la alianza entre la Iglesia y el Estado

 

 

 

  

MÉXICO

En la independencia de México es importante tomar en cuenta la labor realizada por algunos sacerdotes durante las guerras de Independencia como Miguel Hidalgo y José María Morelos. Agustín de Iturbide en la declaración de independencia menciona tres pilares en la que se fundaría el nuevo estado mexicano, que seria la independencia, la unión entre mexicanos y españoles y la Iglesia Católica.

En México la Iglesia poseía derecho de patronato pero este siempre no tuvo mayor importancia debido a que nunca se realizaba algún pago, por diversos factores como los problemas internos, las guerras, las crisis económicas y otros problemas que tuvo el estado mexicano, esta situación nunca tuvo alguna solución, hasta 1851.

La constitución de 1824 declara que la religión oficial de los Estados Unidos Mexicanos es la Católica

El año 1828 es electro Presidente de México Vicente Guerrero, que decide expulsar a los españoles del territorio. Luego quita los bienes de la Iglesia para conformar un ejército debido a que México iba a ser invadida por España (de acuerdo a Guerrero). Efectivamente el 29 es invadida por España.

En 1830 destituyen del cargo a Guerrero, debido a las acciones realizadas por Anastacio Bustamante y de Bravo, Bustamante decide devolver los bienes a la Iglesia. El año 1931 es ejecutado Guerrero luego de una revuelta que este realiza. También ese año el Papa Gregorio XVI nombra a seis obispos nuevos para México, después de dos años sin que México tuviera algún obispo

En 1847 debido a la guerra con Estados Unidos, el general Santa Anna ocupo los bienes de la Iglesia para poder atender a los gastos de la guerra; posteriormente eso se oficializó a través de un decreto realizado por el Vicepresidente Valentín Gómez Farías en el cual incautaba los bienes de la Iglesia, la cual este se resistió a tal medida.

En 1848 el gobierno mexicano, esta vez presidido por el Presidente Jose Joaquin Herrera realiza una invitación a S.S. Pio IX a pasar su destierro de Roma en México, además le enviaba 25.000 pesos mexicanos como ayuda otorgada por las Cámaras, debido a esto Pio IX nombra un cardenal mexicano y envió un delegado episcopal a México para tratar varios asuntos. El año 1850 se soluciona el problema del patronato y el Estado mexicano se hace cargo del financiamiento de la Iglesia y de los gastos de las diócesis, además de nombrar a los obispos de las diócesis.

El año 1951 llega el enviado papal (nuncio) a México, pero se encontraba en el gobierno Mariano Arista que estaba acompañado por los liberales Prieto, Ocampo, Miguel Lerdo que influyeron en la Cámara para que se le rechazara la presentación de las credenciales, finalmente esta fue rechazada, debido a esto el Arzobispo de México, Lázaro de la Garza, presenta su renuncia. También protestaron todos los prelados al saberse los desaires realizados al delegado.

Durante el último gobierno de Santa Anna (1853-1855), otorgó garantías a la iglesia, restableció la Compañía de Jesús (devolviéndoles sus bienes) y la orden de nuestra señora de Guadalupe también fue restablecida

El 12 de diciembre de 1855, al otro día de la renuncia del recién asumido Presidente Álvarez, el cura de Zacapoaxtla realiza una insurgencia hasta tomarse la ciudad de Puebla, Comonfort que había asumido el gobierno decide el mismo parar la insurrección y se dirigió con las tropas tomando la ciudad el 22 de marzo de 1856. Comonfort decide, a manera de castigo, crear un decreto interviene los bienes eclesiásticos de esa diócesis, por el apoyo directo e indirecto del clero a la insurrección, los bienes intervenidos se ocuparían para los gastos de guerra y pensiones para viudas y huérfanos. El obispo e Puebla realizó una queja por la desición, ya que si bien esta tenía las características que mencionaba Comonfort, el obispo apelaba a que los responsables fueron sólo las personas que participaron en la insurrección.

1856 se crea la Ley Lerdo, esta obligaba a la Iglesia de vender todas las propiedades que arrendaba e impedía que en el futuro se apropiara de propiedades, si un deudor no podía pagar la hipoteca. Esta ley aseguraba que los ingresos de la Iglesia iban a ser sólo por hipotecas. En los lugares donde los conservadores dominaban anularon la ley Lerdo, complicaron las cosas en la relación que había con el Estado.

Las reformas hechas por Juárez en Veracruz incluían que esta vez los bienes de la Iglesia iban a ser nacionalizados, esta vez sin tener una compensación, prohibiendo los monasterios y confiscando los edificios, los templos se venderían, etc. Estas medidas fueron tomadas para financiar los ejércitos liberales que se estaban enfrentando a los ejércitos conservadores, que también recibían recursos de las Iglesias, ya que Miramón sacaba la plata de las catedrales.

Debido al triunfo liberal, en 1857 se hizo una nueva constitución que otorgaba la liberta de culto y realizaba la separación entre la Iglesia y el Estado, que incluían prohibiciones episcopales y otras medidas que la Iglesia no estuvo de acuerdo. El obispo de Michoacán, Mungía, hizo un llamado a los súbditos a no jurar la nueva constitución.

La nueva constitución abrió la posibilidad de la instauración de nuevas tendencias religiosas en México, en 1865 se forma la primera comunidad protestante de México, estas nuevas comunidades tenían una buena relación la Iglesia mexicana.

Terminado el enfrentamiento entre liberales y conservadores, Benito Juaréz decide desterrar, expulsar y exiliar al delegado apostólico, Mons. Clementi, el embajador de España, Pacheco, el Ministro de Guatemala (Neri del Barrio), el Ministro de Ecuador (Pastor), al Arzobispo de México (Lazaro de la Garza), el obispo de Michoacán (Clemente Mungía), Obispo de Tanagra (Joaquin Fernandez), obispo de Guadalajara (Pedro Espinoza), obispo de San Luis de Potosí (Pedro Barajas) y al obispo de Durango (Antonio Zubiria). El obispo de Linares Francisco de P. Verea que no estaba dentro de la lista de los deterrados, decidió autoexpulsar, quedando asi sólo dos obispos en México ya que otros tres habían sido expulsados anteriormente.

Luego de este periodo las reformas se acrecentaron con la llegada de Maximiliano, que paradójicamente se había reunido anteriormente con Pio IX para buscar una solución a los problemas de México, aun más el Papa envió un delegado apostólico a México, pero aun así se disolvieron las comunidades religiosas y se continuaron expulsando a las congregaciones, como por ejemplo a las hermanas de la Caridad que trabajaban en los hospitales y eran uno de los pocos grupos que Juárez había dejado en México (debido al reconocimiento que poseían por parte de la población), pero Lerdo de Tejada continuo con este proceso y buscaba colocar a nivel constitucional las leyes de la reforma.

En 1874 se envió al congreso la ley que otorga el rango constitucional a las leyes reformas y que además agregaba que las Iglesias ya no podían recibir limosnas de los fieles y la prohibición absoluta de toda enseñanza religiosa en las escuelas, como es de esperar, los sacerdotes protestaron por tal medida. Los obispos hicieron un llamado a los católicos de ser los padres quienes debiesen educar a sus hijos y de las mujeres de suplir la labor de beneficencia que realizaban las hermanas de la caridad.

Luego de 1880 se crearon nuevas diócesis para reestructurar la organización del clero mexicano, también se instalaron diversas congregaciones como los salesianos, claretianos, josefinos, pasionistas, etc.

ARGENTINA

Desde 1796 la sede de Buenos Aires se mantenía vacante, esta situación cambia el año 1802 cuando el Consejo de Indias propone como obispo a Benito de Lué y Riega, que había sido nombrado por el rey Carlos IV y ratificado por el papa Pio VII.

Lué llega a Buenos Aires en 1803 y decide realizar una visita pastoral a su diócesis (que en ese entonces correspondía a Buenos Aires, Paraná, Montevideo, La Plata y Viedma), lo que produjo un gran gasto y antipatía dentro del clero de Buenos Aires, principalmente por su visión rígida y de cristiandad (hegemonía absoluta del cristianismo en la sociedad) que poseía de la religión, que lo llevo a formar varios curatos (o parroquias) en la diócesis principalmente en los sectores donde los jesuitas habían sido expulsados, esta situación le produjo varios conflictos con el cabildo eclesiástico.

En el 1806 y 1807 Argentina es invadida por Inglaterra, en dos ocasiones, esta situación fue vista por una parte de la población como una lucha entre los “herejes” ingleses y los católicos argentinos, lo que produjo que los irlandeses (católicos) desertaran de las filas inglesas y lucharan en contra de ellos (Dussel, 1984). Pero sin importar el carácter de la invasión, el obispo Lué que era español juró lealtad al rey de Inglaterra a cambio de mantener el respeto por la Iglesia Católica y por su autoridad. Por lo cual no apoyo a la reconquista, pero si otorgó ayuda monetaria a Martín de Alzaga que luchó en contra de los ingleses.

En 1810 se produce en la Argentina la revolución de mayo, en la cual el día 25 de Mayo se constituye la Junta de Gobierno, pero los días previos al 25 se habían citado a los criollos para solucionar el problema de la ausencia del Rey. Dentro de las dos posturas existentes, el obispo Lué defendió a aquella que mencionaba que el poder (en ausencia del rey) debía ser mantenido por el Virrey y en ausencia de este a algún español (Pigna, 2007). Mientras la otra postura era la de conformar una junta de gobierno en ausencia del rey.

Al momento de la votación de las posturas, vemos que la Iglesia también se encuentra dividida en torno a esto, ya que lo betlemitas y franciscanos (compuesta por mayoría española) votaron a favor de la postura del obispo Lué de darle el apoyo al Virrey, mientras que los dominicos y mercedarios (de mayoría criollos) votaron a favor de la postura promovida por Cornelio Saavedra y Juan José Castelli de realizar una junta de gobierno. Finalmente se impuso la propuesta de Saavedra y Castelli, luego a esto se procedió a votar si se le solicitaba la renuncia al Virrey Cisneros, el cual tuvo que renunciar ya que la mayoría votó por su salida.

La junta de gobierno estuvo compuesta por seis vocales, entre ellos el sacerdote Manuel Alberti quien apoyo la revolución y voto por la destitución del Virrey.

Ya una vez consolidada la junta de gobierno el Obispo Lué solicitó a ella un permiso para realizar una visita pastoral a la diócesis, la cual fue negada debido a que en Montevideo no se reconocía a la junta y se temía que el obispo se escapara para allá y realizara un levantamiento. Luego de esto al obispo se le prohibió realizar predicas y confesar a los fieles. Finalmente luego de haberse conformado el Primer Triunvirato es desterrado al pueblo de San Fernando al norte de Buenos Aires en donde es encontrado muerto, presumiblemente por envenenamiento (Varetto, 1922).

En 1813 se conforma en Buenos Aires una asamblea general constituyente, en el cual habían doce eclesiásticos y que fue la primera instancia de independencia del país, la asamblea en lo relativo a lo religioso estableció una autonomía a Roma, ya que los obispos se ordenarían y designarían en Argentina, de manera de mantener una unidad religiosa dentro del país de acuerdo a la visión unitarista de organización política que se instauraba en contraposición a la visión federalista.

Las primeras constituciones de Argentina establecían que la religión del estado es la Iglesia Católica, situación que se mantiene hasta hoy.

En 1820, con la disolución del gobierno nacional es elegido gobernador Martín Rodríguez contando con el apoyo de Anchorena, Rosas y Rivadavia. Rivadavia fue elegido ministro y tuvo una importante labor en él. El año 1822 Rivadavia realiza una reforma eclesiástica que establecía la subordinación de la Iglesia al poder civil, esta reforma tenia el propósito de eliminar las congregaciones, de esta manera los bienes que no estaban destinados al culto pasaban a las manos del Estado y se eliminaba el diezmo como forma de financiamiento de la Iglesia, a cambio de todo esto el Estado se comprometía a financiar a la Iglesia. Esta medida si bien fue apoyada por muchos sectores de la Iglesia no tuvo mucho apoyo popular, porque al final las funciones que cumplían las congregaciones como los apoyos educativos y hospitalarios gratuitos iban a desaparecer para la población.

El Arzobispo Juan Muzi llegó a Argentina dentro de su función de restablecer los lazos entre el Vaticano y los gobiernos sudamericanos, pero Rivadavia realizó todas las funciones posibles para impedir su llegada, ya que todas las reformas realizadas en Argentina conducían a lograr la autonomía del Vaticano y no volver a depender de él.

Como tema aparte es importante mencionar que si bien existían estas medidas, la población era católica como Rivadavia y poseían una gran devoción a los temas del culto, como por ejemplo durante la reconquista se proclamó a Nuestra Señora del Rosario como gestora de la victoria contra los ingleses, el General Belgrano a cargo de las tropas del norte nombró a Nuestra Señora de la Merced como generala del Ejército. San Martín que sucedió a Belgrano proclamó al ejército de Los Andes junto a O’Higgins a la Virgen del Carmen.

La libertad de culto en Argentina era promovida principalmente por comerciantes Ingleses que se encontraban en Buenos Aires, si bien esto no se logró de manera nacional, si un acuerdo entre Argentina y Gran Bretaña permitió la libertad de culto de los ciudadanos ingleses, esto se aplico sólo a Buenos Aires debido a la negativa de las provincias interiores de aceptar la libertad de culto.

En 1829 Juan Manuel de Rosas llega a la gobernación de Buenos Aires, Rosas contaba con el apoyo de las autoridades de la Iglesia. Rosas solicitó a la Iglesia el apoyo en su causa federal, apoyo que se entregó sin cuestionamiento, ya que Rosas había ayudado en la restauración del culto, en la construcción de nuevas parroquias, la eliminación de la propaganda hostil en contra de la Iglesia, la evangelización de los indígenas, el catecismo, el restablecimiento de las órdenes y congregaciones, el restablecimiento de la Compañía de Jesús, el arribo de sacerdotes españoles y la formación del clero (Dussel, 1984).

También los eclesiásticos debían utilizar el distintivo punzó y estaban obligados a predicar a favor de la causa federal y denostar a los enemigos políticos de Rosas, también su retrato se encontraba con un lugar de honor dentro de la ceremonia religiosa. Los sacerdotes que no realizaban esto eran vigilados, perseguidos y hasta ejecutados de acuerdo a su desafección de realizar estas cosas.

Después de un tiempo los jesuitas decidieron irse debido a las condiciones que se fueron imponiendo luego de su llegada.

Rosas sale del poder el año 1851 luego de un pronunciamiento del gobernador de Entre Ríos Justo José de Urquiza (con el apoyo de Brasil y Uruguay), que se concreta el año 52 después de perder una batalla en los campos de Caseros.

El año 1853 se realiza una nueva constitución el cual instaura la liberta de culto y elimina el fuero eclesiástico, el congreso es quien determina el ingreso de nuevas órdenes religiosas, para ser presidente o vicepresidente de la nación es requisito pertenecer como fiel a la Iglesia Católica y los eclesiásticos no pueden ser miembros del Congreso.

En 1854 Justo José Urquiza se hace cargo de la Confederación Argentina, instalada en Paraná. Urquiza se preocupo de restaurar las relaciones con el Vaticano, por lo mismo envía a Juan Bautista Alberdi a Roma en donde se juntó con el papa Pio IX y esto nombró a un delegado apostólico para Argentina (conjunto para Buenos Aires, Paraguay, Uruguay, Chile y Bolivia), este sería el Arzobispo de Palmira Marino Marini.

En 1858 en Roma se crea el Colegio Pio Latino Americano en donde se formaron varios sacerdotes argentinos (y de la región), el obispo de Buenos Aires Mariano Escalada envió a varios alumnos para que fueran a estudiar allí.

Ya en el gobierno de Bartolomé Mitre este pide a Pio IX la elevación de la diócesis de Buenos Aires a Arquidiócesis, esta fue realizada el año 1865, siendo el primer Arzobispo de Buenos Aires Mariano José de Escalada.

Durante los gobiernos de Mitre, Sarmiento y Avellaneda las relaciones con la Iglesia fueron relativamente tranquilas, ya que los gobernantes tenían otros desafíos mucho más importantes como la guerra de la Triple Alianza, la incorporación de Buenos Aires a la confederación, etc.

Durante el gobierno de Julio Argentino Roca se crean otros conflictos con la Iglesia debido a la integración de profesoras protestantes norteamericanas y las protestas de los profesores católicos desempleados, la creación del matrimonio civil, la ley de registro civil, el congreso pedagógico de 1882, etc. Todos estos elementos provocaron una presión al gobierno de Roca que junto a otros factores determinaron la salida del gobierno. En su reemplazo entra al gobierno Juárez Celmán.

De aquí en adelante el ingreso del liberalismo y de la cuestión social, introducen en Argentina una preocupación por los temas sociales, que se hacen presentes de manera extensa ya durante el siglo XX como en el resto de la región.

CONCLUSIÓN

La independencia de los países americanos produjo también una cierta independencia de la Iglesia respecto a los Estados, que en un principio fue considerado de manera negativa, pero posteriormente y junto a un movimiento social católico producen una modernización de la misma impulsada desde el Vaticano mismo con la encíclica Rerum Novarum y el Concilio Vaticano I.

“La historia de las relaciones entre Iglesia Católica y la Democracia se parece a la gestación de un sólido entendimiento que comienza primero con bastante frialdad en un serie de recelos, incomprensiones y cargos mutuos, pero que avanza, por obra del dialogo y la mutua maduración hasta culminar en un encuentro en el que parecen necesitarse mutuamente” (Hourton, 1975) Este pequeño extracto hace resumen a toda la historia de la Iglesia Católica en el siglo XIX, que tuvieron en algún momento algunas diferencias y que posteriormente, principalmente por la posición de la misma Iglesia que con León XIII realiza un cambio de perspectiva en torno a los temas políticos y sociales, junto a una nueva relación con el Estado.

Durante este tiempo podemos encontrar que las pugnas entre conservadores y liberales nunca fueron tan marcadas, ya que en ambas facciones existían diversas posturas frente al conflicto Iglesia-Estado que produjeron diversas formas de manifestación y en ocasiones conflictos internos en ambos bandos.

Para la Iglesia en Latinoamérica y también para el Estado significó un cambio trascendental en sus relaciones, ya que se tuvieron que adecuar a un nuevo contexto en donde la civilización de la cristiandad que había comenzado con Constantino estaba terminando luego de alrededor de diez siglos de estar organizada de esta manera.

También este proceso dejó la puerta abierta la relación que tendrían en el siglo XX el socialismo, el comunismo y los movimientos socialcristianos que buscarían sus apoyos en los obreros y proletarios, como forma de respuesta al sistema económico capitalista y la ausencia de leyes sociales por parte del Estado.

BIBLIOGRAFÍA

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Amunategui, M. L. (1960). La Encíclica del Papa Leon XII contra la Independencia de la América Española. En H. R. Necochea, La Iglesia frente a la Emancipación Americana (págs. 18-27). Santiago de Chile: Empresa Editoria Austral.

Bartolini, S. (1995). Partidos y Sistemas de Partidos. En G. Pasquino, Manual de Ciencia Política (págs. 219-224). Madrid: Alianza Editorial.

Bethell, L. (1990). Historia de América Latina. Barcelona: Crítica.

Codina, V. (1994). Para Comprender la Eclesiología desde América Latina. Navarra, España: Verbo Divino.

Dussel, E. (1984). Historia General de la Iglesia en América Latina. Salamanca: Sigueme.

Hourton, J. (1975). Iglesia y Democracia: la enseñanza de Pio XII. Mensaje Nº 24 , 572-578.

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Keller, E. (1868). La Enciclica del 8 de Diciembre de 1864 y los Principios de 1789 ó la Iglesia, el Estado y la Libertad. Barcelona: Libreria Católica de Pons y Comp.

Lipset, S. M., & Rokkan, S. (1967). Party Systems and Voter Alignments. Nueva York: Free Press.

Otayza, F. (2003). Los Mercedarios en la Independencia de Chile. Revista Libertador O`Higgins Nº 20 , 46-69.

Pigna, F. (2007). La Revolución de Mayo, los Mitos de la Historia Argentina. Buenos Aires: Norma.

Rokkan, S. (1968). The Growth and Structuring of Mass Politics in the Smaller European Democracies. Comparative Studies in Society and History , 173-210.

Valenzuela, J. S. (1995). Origenes y transformaciones del sistema de partidos en Chile. Estudios Públicos , 11.

Varetto, J. C. (1922). Hostilidad del Clero a la Independencia Americana. Buenos Aires: Imprenta Metodista.

 

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